SÁNCHEZ EL ENTERRADOR
A Pedro Sánchez, presidente de este desgobierno, hace tiempo que lo vemos siempre en entierros y funerales de protocolo masónico. Su mandato, empapado de una corrupción que lo invade todo, es el responsable de la muerte de ciudadanos inocentes sacrificados en la pira de una ideología criminal.
Así pasó con el COVID, la DANA, en el gran apagón, y recientemente en los accidentes ferroviarios que han cubierto de luto y dolor a tantas familias.
Un enterrador sin corazón ni empatía hacia el dolor que provocan sus decisiones, guiadas absolutamente por una ideología desnaturalizada que, para llevarla a cabo, no duda en colocar en los lugares de mayor responsabilidad a personas sin cualificación alguna, a no ser de amistad, sometimiento o ideología.
Desde que este individuo es presidente del desgobierno de España, se han dejado a un lado para ocupar esos puestos, el mérito, la capacidad y la preparación. Como es natural y como se sigue manteniendo ese criterio, seguirán ocurriendo desastres, se volverán a cubrir de dolor y luto familias enteras, pero este monstruo, en el que se ha convertido ya este infausto y malvado personaje, seguirá con sus planes de destrucción y ruina. Nada le va a detener.
El sanchismo, es esa forma degradante de ver y actuar en política, ha iniciado una velocidad de crucero imparable hacia su disolución. Los sucesos luctuosos últimos deberían constituir el epitafio a una forma de hacer esa política rastrera, despreciable y mezquina, donde ideología e intereses particulares, de los miembros de esta mafia, han prevalido descaradamente al interés general, y a la seguridad de los ciudadanos, con una corrupción que no deja de producir muerte.
Este patán chulesco que habita en La Moncloa ya está en la Historia, pasará a la misma no como él pretendía: un príncipe democrático guaperas y benevolente que nos perdonaba la vida cada vez que nos miraba, con la displicencia del granuja venido a más.
No, será conocido por el sobrenombre de: Sánchez el Enterrador. Es así, el sanchismo se ha acostumbrado a gobernar entre epidemias, tragedias, desastres, apagones, funerales y luto.
Su mandato se ha visto jalonado por miles de víctimas mortales, como consecuencia de una política demente donde ecologismo radical, ideología fanática y falta de preparación absoluta entre los miembros de su desgobierno, han ido provocando un rosario continuo e incesante víctimas.
Un desgobierno que nos ha sumido en un caos inimaginable hace tan sólo unos años.
La España que conocíamos ha dejado de existir: incuria, incapacidad y dolo contra la ciudadanía, identifican el mandato de este impresentable que repercute negativamente en la economía de forma notable.
El personaje más nocivo para la sociedad, la economía y las instituciones españolas, después de Zapatero.
Confía absolutamente esa supervivencia, de mafia siciliana, a unos factores que maneja con insuperable pericia: la estupidez y apocamiento de la derecha en los momentos clave.
Una tergiversación y manipulación inclemente y descarada de la realidad, en la que intervienen militantes fanatizados a las órdenes de su amo, protagonizando declaraciones pactadas y otros teatros.
Además de una brigada de desinformación sincronizada de propaganda que, de forma inmisericorde, mentirá mañana, tarde y noche, desde sus terminales mediáticas, las mismas que tratan siempre de embarrar la situación para desviar la atención de lo importante.
La máxima es: “Quien cambia el relato cambia la realidad”, y a ello se aplican con un entusiasmo innegable que a veces les funciona.
La llegada al poder de esta recua, de esta jauría de hienas ávidas y sedientas de riquezas y de poder, ignorantes absolutamente de todo menos de la maldad, del latrocinio y del escaqueo, nos ha destrozado una nación en muy poco tiempo.
Le han dado la vuelta a España como a un calcetín. Nada funciona.
La degradación permanente en transportes, sanidad, educación, trenes, carreteras, seguridad ciudadana y poder adquisitivo, se han desplomado como nunca, lo que ha supuesto un retroceso brutal en nuestra calidad de vida.
Llamativo que nuestra capacidad económica, desde 2018, haya disminuido por encima del 21%, y que la inflación, entre un 2,9 y 3 %, sea la más alta de la UE, significándose muy especialmente en la cesta de la compra.
Al mismo tiempo soportamos los impuestos más altos de toda nuestra historia.
Si perdemos calidad de vida a pasos agigantados y el deterioro de todas las instituciones es evidente, la pregunta surge sola: ¿Adónde van a parar la fortuna que nos detraen de los impuestos confiscatorios que sufrimos?
Además de en los Koldo, Zapatero, Ábalos, Cerdán y un larguísimo etc., están los privilegios de Cataluña y Vascongadas. Unos privilegios que tratan a toda costa de convertirnos en una colonia del más repulsivo separatismo.
Este personaje se ha convertido, para su supervivencia, en el telonero de la ETA y del separatismo catalán.
Tras los ¿últimos? desastres ferroviarios en Adamuz y Gelida, se ha instalado en muchos ciudadanos un sentimiento de resignación, ira y desesperación, unida al asombro que produce comprobar que nadie asume responsabilidad alguna.
Pero hay que decirlo muy claro: Sánchez es absolutamente responsable, compartiendo ese honor macabro con Oscar Puente, personaje nefasto, tosco, insultón y de una inutilidad tan manifiesta que provoca espanto.
Resulta que, en su incompetencia y sectarismo, el ministro no quiso ver los informes que alertaban de la situación de las vías, es más, se mofó de quiénes lo advertían y cerró los ojos a la realidad. El accidente de los trenes ha sido crónica de una muerte anunciada.
Con este panorama desolador y el sufrimiento de las familias, que han perdido a sus seres queridos, empieza a apoderarse en el ánimo de muchos un sentimiento de fatalidad y pesimismo.
Debe ser muy duro comprobar diariamente la soledad y el desconsuelo en el que se encuentran los que han sufrido personalmente todos estos sucesos evitables.
Ante todo este cúmulo de desgracias, con una situación general que seguirá empeorando ¿Qué hace la derecha? La derecha se hace la guerra.
Pellizquitos de monja que indican su desconexión con la realidad y la ciudadanía, y su apetencia fundamentalmente por el poder.
En vez de ponerse de acuerdo en pedir responsabilidades a Oscar Puente y a Sánchez, con movilizaciones en todas las capitales para retratar ante toda la UE, a este desgobierno de malvados, siguen divididos en lo que debería ser, ahora mismo, su tarea fundamental.
Hay que gritarle a la derecha alto y claro: ¿Quieren, por favor, ponerse, aunque sea por una sola vez de acuerdo, y unificar estrategias para echar a Sánchez y a toda la banda que nos desgobierna?
Todos sabemos que discrepan en muchos puntos y es comprensible, pero la situación es de absoluta emergencia. Si no es así, sin duda, serán corresponsables de todo lo que está pasando.

Comentarios