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EL UNO DE LA PODREDUMBRE.

Almirante Luis de Córdoba.

De todos es sabido que los medios de comunicación, en una mayor parte, son izquierdistas. De una izquierda que ha sabido infiltrarse en los tejidos más variados de la sociedad para imponer su criterio y su totalitarismo.

Tal es así, que hoy son señalados como agitadores aquellos periodistas que se atreven a hacer preguntas incómodas a los miembros de este desgobierno.

Además de la brigada de sincronización que apoya incondicionalmente al traidor de traidores. Una sincronía que disimula, disculpa y pone en duda, cualquier caso de corrupción, por muy grave que éste sea, si salpica o da de lleno al inquilino de La Moncloa.

Los españoles bien informados sabemos que Sánchez en sí no gobierna, él permanece en el poder que es algo muy distinto. El objetivo estaba claro desde el minuto uno de su llegada: lograr una fortuna personal importante, además de tratar de permanecer en el Gobierno a toda costa.

No importan los escándalos, no importan que sus principales colaboradores estén en la cárcel o procesados, no importa nada y, al estar muy comprometido con la corrupción que le rodea, su voluntad de permanecer es para librarse de los tribunales y seguir "negociando", ya sea con el anterior y corrupto gobierno venezolano, con los chinos, o con quien pague mejor los favores otorgados.

Los que verdaderamente llevan la batuta del Gobierno de la nación son desgraciadamente: Otegui, clave con sus votos en el Congreso para la aprobación de la Ley de la Memoria Democrática, Puigdemont y Junqueras. 

Las penúltimas concesiones al golpismo catalán – algo que estaba ya pactado para después de las elecciones de Andalucía – como son la financiación de la Hacienda Catalana, y el traspaso de las competencias de seguridad ciudadana en los puertos y aeropuertos de interés general, a los Mozos de Escuadra, así lo ratifican.

Para nuestra desgracia y ruina nos encontramos probablemente ante el desgobierno más corrupto de nuestra historia democrática y, al mismo tiempo, ante el más opaco, informativamente hablando. 

Se niegan informaciones básicas, en cualquier democracia, aludiendo siempre a: “Secretos de Estado”, o de “Seguridad Nacional”.

Y una pregunta que surge sola: ¿alguien puede llegar a creerse que los enjuagues de Zapatero y demás colaboradores, eran algo ajenos a Sánchez y a su Consejo de Ministros? Sin duda, en La Moncloa está el número uno de esta podredumbre que ahoga la nación.

Imposible hacer nada sin su visto bueno, porque la mayor parte de los delitos por los que se están juzgado a sus principales colaboradores, pasaban por el mismo.

Desde hace demasiado tiempo, van ya para nueve años, soportamos diariamente una serie de sucesos que implican a esta clase política gobernante. Una especie de mafia que se ha hecho con el poder, curiosamente, sin haber ganado ni una sola de las elecciones a las que el PSOE ha concurrido. 

Sólo puntualizar que, de ocho: Generales, Autonómicas, Europeas, etc., tan sólo ha ganado una, la de Cataluña, siendo cabeza de ese cartel, el que fuera en su día ministro de Sanidad y responsable de la peor gestión del COVID 19 de toda la UE, con más de 100.000 fallecidos, y con el turbio y repugnante negocio de las mascarillas, como telón de fondo. 

Pedro Sánchez, vendepatrias crónico, pasará a la historia de la democracia, entre otras cosas, por tener récord en fracasos electorales.

Es algo inherente a su biografía, a su persona, pero sin olvidar también que hay algo con lo que no contaban ni cuentan, quizás hoy, sus opositores, ya sea dentro de su propio partido o en la derecha: su habilidad para la trampa, el escaqueo, el cambiazo y el timo. 

Este personaje, a medio camino entre Maquiavelo y Bellido Dolfos, ha demostrado sobradamente, a lo largo de toda su trayectoria política, una insólita e innata habilidad para trampear. 

Los legendarios tahúres del Mississippi se quedan en pañales al lado de este personaje pérfido y taimado. 

Sabemos hoy, a ciencia cierta, el episodio de las urnas rellenas con papeletas de su candidatura. 

Hay que destacar que en las segundas elecciones a las que se presentó para la Secretaría del PSOE, el 13 de julio de 2014, medió igualmente la trampa y el llenado de urnas de forma delictiva.

Lo atestiguan los episodios de los WhatsApp de Santos Cerdán a Koldo García, exasesor de José Luis Ábalos, para que falseara votos: “Cuando termine apuntas como que han votado esos dos que te faltan y sin que te vea nadie metes las dos papeletas”. Más tarde, Koldo respondió: “Ya está”.

La duda razonable está ahí, ¿sólo fueron dos votos…? ¿Se repitió la jugada un número desconocido de veces…?

Las sospechas de fraude directo, con las pruebas referidas anteriormente y recogidas en el dispositivo de Koldo, están en poder del Tribunal Supremo. 

La legitimidad del actual presidente, desde su origen, está por tanto más que cuestionada.

Seguramente su empeño de llegar al 2027, sin convocar elecciones, se debe a que para esa fecha ya estará terminado el plan de alterar las listas electorales y de sorprendernos con alguna nueva argucia. 

De momento está cambiando el censo, que no es poco, con la perturbación social y económica que supone esta locura de otorgar y regalar la ciudadanía española a cualquiera que la pida. 

No se tienen en cuenta antecedentes, o la posibilidad de transmisión de determinadas enfermedades, ni la saturación insoportable de la sanidad. 

Hay que estar muy ciego para no verlo, y muy canalla para idearlo y ponerlo en marcha. La nación está abandonada a su suerte, sólo ha llegado a ese puesto para sus "asuntos", algo de lo que tomaron nota inmediatamente sus más íntimos colaboradores, todos procesados o en la cárcel. 

Si hay que vender nuestra soberanía a catalanes, vascos, marroquíes o chinos es lo de menos, si hay que tensar el ambiente, no importa, mientras toda esta tropa perciba coimas, comisiones y pelotazos varios.

Claro que no piensa dimitir, y veremos si convoca elecciones cuando ese proceso no tenga más remedio que ponerse en marcha, si sus encuestas internas le anticipan una nueva derrota electoral.

La otra pregunta es ¿Qué más le queda por hacer? ¿Invalidar las elecciones en las que pierda y decretar el Estado de Excepción o algo similar? 

En Sánchez todo es traición, mentira, trampa, falsificación y ruina. Ni había catedrática ni hay tal doctor. Y, prácticamente sin ganar ni una sola de las elecciones a las que ha concurrido, nos ha precipitado a la ruina, al desprestigio internacional, a soportar unas cifras de paro, inflación y violencia callejera, como jamás habíamos vivido.

Veremos cómo transcurre, el hoy último episodio de corrupción de la izquierda con la imputación de ZP, asesor áulico del número uno, un individuo sin freno ético o moral.

Puede que las cosas se precipiten de forma más rápida de lo que los augures monclovitas piensan. 

Sin embargo, hay que estar atentos. Sánchez está acorralado y, es en estos momentos y a la desesperada, cuando puede ser más peligroso.

 

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Buenas tardes Pepe. Sánchez es un pirata y ZP su modelo a seguir, pero nada que no hayan hecho y sigan haciendo Bono y Pepiño el "corruto".
Que asco da. Lo peor sus fanáticos votantes porque los periodistas son mercenarios sin otro afan que ganarse la vida y dan tanto asco como los fanaticos que votan al PSOE aunque pillen a Sanchez comiendose un niño.
Me decia un amigo que la culpa de todo la tienen los politics sin pensar que so el feflejo de la realidad de los votantes.

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