TIEMPOS DE PESADILLA
El agobio permanente del ciudadano normal ante el cúmulo incesante de corrupción que anega todas las instituciones es insoportable.
El español medio ve cómo su bienestar social disminuye cada día a una velocidad que ni los más pesimistas hubieran pronosticado, acompañado de una subida pareja - que no cesa - de impuestos y de alimentos.
Al mismo tiempo que disminuye nuestro poder adquisitivo, se dilapidan y malgastan cientos de millones de euros, de nuestros impuestos, en una TVE sin audiencia, manipuladora inmisericorde y sectaria sin fronteras, pero que premia a sus más fieles y chabacanos lameculos.
Los medios estatales son siempre los predilectos de la izquierda, mas solamente por la intención clara del acaparamiento de poder, no de servicio al ciudadano, muletilla empleada para, a modo de celada, seguir engañando al sacrificado contribuyente.
Unos servicios que en muy poco tiempo han pasado de ser punteros, como el caso de las líneas de alta velocidad, a convertirse en peligrosos, lentos, caros e ineficientes.
Ha ocurrido en todos los estamentos, da igual que sean carreteras, presas, suministro eléctrico, las mencionadas vías férreas, y una sanidad sobrepasada que espera su desastroso final, con la avalancha de inmigrantes que seguirán desbordando nuestras fronteras, sobre todo a partir del efecto llamada ocasionado por las últimas disposiciones que, en esa materia, ha propuesto este desgobierno.
Por no hablar del ministerio de sanidad, ocupado por una podemita sin conciencia, cuya obsesión enfermiza es la de torpedear la sanidad madrileña. La misma que la ha humillado de forma reiterada y por la que siente un odio similar, al que tiene sin dormir al Gran Felón y a un fracasado Pablo Iglesias, que rumia su venganza.
La bola de incompetencia, malversación y corrupción de esta izquierda traidora y cainita no deja de crecer, con unos personajes más atentos siempre a sus intereses particulares, que al servicio de la ciudadanía.
A todo esto, no cesan las cortinas de humo artificiales a los que este desgobierno de patanes y corruptos nos tienen ya acostumbrados, convirtiéndose actualmente la guerra de Irán en el bálsamo de Fierabrás, que lo mismo les vale para un roto que para un descosido.
Lo peor no es esa falta de dignidad, gallardía, y de vergüenza torera si se quiere, sino en la nula asunción de responsabilidades políticas de esta banda; muchos nos preguntamos que más tiene que ocurrir para que esta recua de desnaturalizados enemigos del pueblo español, tenga un mínimo de dignidad y asuma alguna vez sus compromisos.
No es de extrañar que en determinados momentos acusemos un cierto hartazgo y una cierta desesperación que, con el tiempo, se transforma en malestar profundo y apatía, porque nunca, jamás, había habido tanto descaro en la comisión de delitos y en la nula asunción de compromisos políticos.
Conductas que transmiten la inquietante sensación de estar ante una impunidad permanente, tan injusta como desoladora.
Observamos como se posponen, de forma recurrente, las soluciones lógicas ante cualquier catástrofe, y que no importan las víctimas, ni el daño ocasionado, tan sólo prevalecen las disculpas y fintas evasivas que cualquier miembro de este desgraciado desgobierno, pone en marcha para evadir sus propios deberes.
Este estilo, entre demagógico e irresponsable de hacer política, ha sido una pulimentadora de conciencias desde el mismo instante de la llegada de este personaje a la secretaría del PSOE, de forma fraudulenta.
El asunto que la izquierda maneja y por el que maniobran diariamente es el de sometimiento a Putin, China y cualquier grupo terrorista: Hezbolá, Hamás, al clero chií y todo, todo, subordinado a un antisemitismo vomitivo.
Una política exterior que parece diseñada por nuestros más fanáticos enemigos, y ante la que Marruecos se frota las manos con entusiasmo.
El sueño dorado de esta izquierda, siempre más sumisa a intereses extraños, que a los de la nación española, es que salgamos de la OTAN y depender aún más de China y de Putin.
Todo el desastre que, no sólo a nivel interno en las instituciones españolas estamos sufriendo, sino a nivel exterior, es algo que sin duda estamos pagando y que tardará décadas en revertir.
No es de extrañar, tenemos como ministro de asuntos exteriores a un perfecto inútil, una especie de gorgojo creído, repipi e ineficaz. Un personaje entre cómico y grotesco, absolutamente inhábil en los escenarios internacionales, donde España cada día importa menos.
Nos encontramos en pleno estancamiento y retroceso de nuestra capacidad adquisitiva, arrinconados en la UE por la política de sumisión a la China genocida y comunista, con un Zapatero promocionando cualquier cosa que le reporte ganancias sin escrúpulo alguno a su origen y, un Sánchez que, para no perder pie en ese negocio turbio y dudoso, le secunda descaradamente, importándoles un bledo la repercusión que estas conductas antioccidentales nos deparen.
Estamos posicionados a las puertas del Tercer Mundo y avanzando. Tiempos de pesadilla.

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